Los abrazos curan. Todos lo hemos sentido alguna vez. Cuando abrazamos a alguien con verdadera intención, le entregamos equilibrio, calidez, soporte y corazón al momento. Entonces, ¿Por qué no entregarnos esa contención a nosotros mismos? Hoy  te vamos a orientar, paso a paso, con un ejercicio que te brindará contención y conexión con tu campo emocional más profundo.

Elige un espacio donde puedas sentarte tranquilamente durante algunos minutos. Acomódate con la espalda recta pero relajada, dejando caer los hombros por su propio peso. Intenta no forzar la postura. Puedes prender alguna esencia que te guste o poner una música que te provoque calma y tranquilidad.

Ahora, cierras tus ojos y llevas tus manos, en forma de plegaria, a la zona del pecho, uniendo ambas palmas con mucha dulzura. Pide a tus Maestros que te ayuden a conectar con la voz interna, con tu mundo emocional más profundo.

Entonces, abrázate a ti misma bien fuerte, dedícate este abrazo curativo y permite que tu corazón hable y te entregue sus mensajes, perdónate por aquellas cosas que no hayas hecho del todo bien, permítete la libertad de aceptar el error propio y el ajeno. Relájate en este abrazo sintiendo su energía de luz.

Escúchate. ¿Qué dice tu cuerpo mientras es abrazado? ¿Qué te pregunta? ¿Cómo es su voz? ¿Te sientes en calma o tiritando? ¿Qué imágenes vienen a tu conciencia mientras lo haces? ¿Puedes, realmente, sentir tu cuerpo?

Puedes aprovechar este abrazo para hablar contigo misma, con tu corazón o con alguien a quien quieras enviar sanación y armonía. La energía viaja en todas las dimensiones atravesando cualquier barrera.

Para finalizar, agradece este momento, agradece tu salud y tu capacidad de amor. Baja tus brazos suavemente y continúa con tus tareas diarias integrando esta energía.

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